La confesión que haré a continuación es una de las que más me han dado vueltas en la cabeza desde que empecé con el blog, sin embargo, no he tenido el valor de escribir al respecto hasta ahora. Encontrar las palabras para expresar lo que siento fue complicado pero aquí les va.
Amor y citas, es lindo leer sobre el tema pero vivirlo es otra cosa, como lectora puedo confirmar este argumento. Leer romance es como escapar de tu realidad, una en la cual los finales de cuento no existen tal cual nos los imaginamos, sin embargo, cuando te sumerges entre las páginas y te pones en los zapatos del protagonista, ya no eres tú.
Durante mucho tiempo solía creer que era del tipo de persona en la que la gente no se fijaba, pasaba desapercibida y lo veía todo a través del vidrio. Gran parte de mi adolescencia pasé siendo la "amiga crónicamente soltera", la amiga que todavía no había dado su primer beso y la amiga que veía cómo sus amigas caían enamoradas por chicos que al final del día las cambiaban como algo reutilizable.
Sin embargo, una noche todo eso cambió.
Conocí a un chico y mi mundo se puso de cabeza. Cuando el tiempo nos susurraba en el oído, sus caricias y sus besos lo borraban todo. Estar a su lado era rojo y cuando el reloj marcó las 12:00 am toda esa burbuja explotó. Supongo que después de eso entendí lo riesgoso que puede ser querer a alguien que nunca termina de elegirte por completo.
Desde entonces, de nuevo el amor se sintió como algo lejano para mí. Lo veía y lo sigo viendo en todas partes, en los ojos de un padre orgulloso porque su hijo logró dar sus primeros pasos, en la calidez de los abrazos de una madre a sus hijos, en las sonrisas de mis amigos y en las parejas tomadas de la mano en medio del ruido exterior como si su amor fuese lo único que importase.
En noches como estas no puedo evitar preguntarme: ¿Cuándo será mi turno? y la verdad es que no hay respuesta, NO LO SÉ.
Y esa justamente es la cuestión, hace un par de días me di cuenta de que estos meses he arrancado a chicos que se han querido acercar a mí como etiquetas de ropa. Sí, he tenido oportunidades de volver a arriesgarme pero no las he tomado porque tengo miedo, miedo a comprometer mis emociones y mi corazón y al final del día terminar herida. Sin embargo, estos meses también he aprendido que la única cura soy yo.
Me he dado cuenta de que nadie puede sanar por mí y mucho menos curar heridas pasadas, decidir volver a arriesgarme solo depende de mí y créanme, estoy cansada de ser espectadora. Ya no cerraré mi corazón a lo inesperado, estoy lista para enamorarme.
Estoy segura de que tú también tienes confesiones que decir, cuéntame en los comentarios tus experiencias, te leeré con gusto :D